Mapas mentales y conceptuales: ¿orden o caos creativo?

“En mi clase, la diferencia entre los mapas mentales y conceptuales es que en unos explota la purpurina y en los otros, por fin, le encuentran el sentido a las flechas.”

En el ecosistema salvaje de nuestras aulas, a menudo buscamos herramientas que ayuden a nuestro alumnado a organizar sus pensamientos sin que el cuaderno parezca el mapa de un tesoro pirata borroso. En este artículo, vamos a compartir de manera sencilla qué vas a encontrar al explorar el uso de los mapas mentales y conceptuales. La idea es ofrecerte una visión clara sobre cómo estas dos técnicas pueden evitar que te sangren los ojos al corregir, simplemente compartiendo lo que mejor funciona cuando la tiza aprieta y el tiempo vuela.

mapa

El mapa mental y la explosión de neuronas con purpurina

El mapa mental se presenta como una herramienta fascinante porque imita la forma natural en que nuestro cerebro asocia conceptos, que es básicamente como una pestaña de Google con 40 ventanas abiertas. De hecho, cuando planteamos una lluvia de ideas para un cuento, el mapa mental permite que la creatividad fluya sin las restricciones de una estructura rígida de esas que huelen a naftalina. Además, este recurso se basa en el pensamiento radial, lo que significa que partimos de una idea central y extendemos ramas como si fuera un pulpo con cafeína. Por tanto, es ideal para las fases iniciales de cualquier proyecto, donde lo importante es que no se deje ninguna ocurrencia en el tintero.

En cambio, debemos recordar que el mapa mental no utiliza frases largas (esas que ellos copian del libro sin entender ni el “de”), sino palabras clave únicas, colores y muchos dibujos. También es fundamental destacar que su estética es tan subjetiva que el mapa de un alumno puede parecer una obra de Dalí y el de otro un esquema eléctrico, pero ambos son válidos. Sin embargo, no debemos olvidar que su potencia reside en la capacidad de repasar temas de forma rápida antes de que entre el profesor de guardia. Por este motivo, siempre recomiendo usarlo para planificar festivales de fin de curso o para tomar notas rápidas mientras intentamos que no se distraigan con una mosca.

El mapa conceptual como antídoto al “profe, no me cabe”

Por otro lado, el mapa conceptual requiere un nivel de abstracción algo mayor, ya que se centra en la relación lógica entre los conceptos, algo que a veces les cuesta más que encontrar el estuche en la mochila. En este caso, la estructura no es un estallido de colores, sino algo jerárquico, organizándose de arriba hacia abajo como si fuera el árbol genealógico de una familia que sí se lleva bien. Por consiguiente, es la herramienta perfecta cuando queremos que los alumnos entiendan procesos complejos, como por qué el aparato digestivo no es simplemente un tobogán para la merienda. De hecho, el aprendizaje real ocurre en las palabras de enlace que conectan los cuadros.

Asimismo, el mapa conceptual es mucho más sobrio y objetivo que el mental, ideal para esos alumnos que se pasan tres horas eligiendo el color del rotulador y cero segundos pensando. Mientras que en el mental prima la imagen, aquí mandan las frases con sentido que conectan los globos.

De hecho, si un alumno conecta “lluvia” con “paraguas” pero no sabe escribir el verbo que los une, es que todavía estamos en la fase de “pintar y colorear” y no en la de comprender. Por tanto, es un ejercicio de síntesis maravilloso para esos temas de Sociales que tienen más fechas que la agenda de una estrella del rock. Sin duda, ayuda a que dejen de ver el conocimiento como una lista de la compra interminable.

Aplicaciones prácticas para que no te explote la cabeza

Para llevar esto al terreno real sin que la clase parezca el camarote de los hermanos Marx, te propongo dos actividades que suelen dejar el pabellón bien alto. La primera es el mapa mental mudo: les prohíbo usar palabras. Solo pueden usar dibujos para explicar el relieve de España o el ciclo de las plantas. Esto les obliga a buscar la esencia visual y, créeme, sus interpretaciones de una “meseta” pueden ser dignas de un museo de arte moderno. Además, fomenta la atención de esos alumnos que son genios del dibujo pero que se bloquean cuando ven un folio lleno de letras apretujadas.

La segunda propuesta es el desafío del conector, mi favorita para los mapas conceptuales. En lugar de darles el esquema, les doy los conceptos “sueltos” y ellos, por equipos, tienen que pelearse (metafóricamente, claro) para encontrar la palabra de enlace exacta. Por tanto, el aula se llena de debates sobre si una ballena “es un” o “vive en”, lo cual es música para los oídos de cualquier docente. También puedes usar herramientas digitales como Canva para que los mapas mentales queden “de foto” o CmapTools para los conceptuales más técnicos. Al final, lo que buscamos es que aprendan a amueblar su cabeza de forma que encuentren las cosas a la primera.

mapas

En conclusión, elegir entre mapas mentales y conceptuales dependerá de si ese día necesitas que suelten toda la imaginación o que pongan un poco de orden en el trastero mental que suelen traer de casa. Ambos son complementarios en primaria y nos permiten ver, por fin, qué pasa por esas cabecitas sin necesidad de hacerles un escáner.


Enlaces externos gratuitos

  • CmapTools: La herramienta de toda la vida, gratuita y sin florituras, perfecta para que los mapas conceptuales tengan sentido y concierto. https://cmap.ihmc.us/
  • Canva para Educación: El lugar donde tus alumnos se sentirán diseñadores gráficos mientras organizan sus ideas en mapas mentales preciosos. https://www.canva.com/es_es/educacion/
(Visited 1 times, 1 visits today)