¡Hola, profes! Hoy en Bloomania os traemos una idea para esos días en los que parece que hablas para las paredes. Vamos a ver cómo la rutina de pensamiento de pasar el paquete puede salvarte la sesión. En los siguientes párrafos, os cuento cómo esta dinámica de Harvard ayuda a que los peques dejen de mirar el reloj y empiecen a pelar las capas del aprendizaje. Es una propuesta directa, sin humos y lista para usar mañana mismo entre la clase de lengua y el comedor.
El drama de la desconexión y nuestra solución
Admitámoslo: a veces entramos al aula con un tema que nos encanta y nos topamos con un muro de bostezos. La rutina de pasar el paquete nace precisamente para romper esa barrera de apatía que a veces reina en primaria. De hecho, todos hemos sentido esa frustración cuando el contenido se queda flotando en el techo sin aterrizar en sus libretas. Sin embargo, esta rutina convierte el concepto más árido en un regalo misterioso. Además, al usar algo tan físico como un paquete, recuperamos esa chispa de los cumpleaños que tanto les motiva.
Implementar la rutina pasar el paquete es como decirle a tu clase: «Oye, esto no es un rollo que hay que memorizar, es un tesoro que vamos a descubrir juntos». Por otro lado, no necesitas ser un experto en innovación para que funcione. También es verdad que a veces nos complicamos con herramientas digitales que fallan, pero aquí solo necesitas papel y ganas. En cambio, si usamos esta metáfora, el alumno se siente un explorador de verdad. De hecho, verás cómo hasta el que siempre está en las nubes se acerca para ver qué esconde la siguiente capa.
Por último, la rutina de pasar el paquete es perfecta porque se adapta a cualquier nivel de ruido o energía que tengas ese día. También nos sirve para esos temas de valores o ciencias que se les hacen bola. Por tanto, es una forma de «engañar» positivamente al cerebro para que trabaje a fondo sin darse cuenta. Además, cuando ellos mismos proponen qué envolver, la magia es doble. De esta manera, el docente pasa de ser un busto parlante a ser el guía de una expedición emocionante en mitad del pasillo.
Paso a paso: Pelando la cebolla del saber
La rutina de pasar el paquete tiene cuatro paradas obligatorias que estructuran el pensamiento del grupo. Primero llega la reflexión. Aquí les pedimos que pinchen la burbuja y piensen qué saben ya sobre el tema. Es como quitar el primer celo del envoltorio. Además, esta fase les da seguridad porque siempre tienen algo que aportar de su propia cosecha. También es el momento de conectar con lo que vimos la semana pasada. Por tanto, esta capa exterior es la que nos sirve para calentar motores antes de entrar en faena.

Después, la rutina de pasar el paquete nos lleva a la identificación. Es el momento de buscar la utilidad real de lo que estamos aprendiendo. De hecho, es cuando el niño dice: «Ah, ¡pues esto me sirve para cuando voy al súper!». Por este motivo, quitar esta segunda capa es tan satisfactorio. Sin embargo, el papel del docente aquí es no dar pistas y dejar que ellos encuentren el sentido. También es una fase genial para ver cómo cada uno conecta el tema con su vida de forma distinta.
Finalmente, llegamos a la Exploración y la Acción. En la exploración, vemos cómo todos esos hilos se mezclan en una red de ideas. Por otro lado, la acción es el núcleo del regalo: ¿qué vamos a hacer con este nuevo superpoder? Al decidir un plan o una actividad final, la rutina de pasar el paquete termina por todo lo alto. Por tanto, el aprendizaje no se queda en el papel, sino que se convierte en algo vivo. De esta forma, el tesoro final es esa bombilla que se enciende en sus cabezas y que no se apaga al sonar el timbre.
Aplicaciones prácticas
Si quieres que la rutina de pasar el paquete sea el hit de la semana, prueba esto:
- El paquete real: No lo hagas imaginario. Usa papel de periódico o sobras de cartulinas y envuelve un objeto físico relacionado con el tema.
- Tarjetas de misión: Entre capa y capa, mete una tarjeta con una pregunta tipo: «¿A qué te recuerda esto?» o «¿Cómo lo usarías para ayudar a alguien?».
- Círculo en el suelo: Olvida las sillas. Sentarse en círculo para pasar el paquete cambia el chip por completo y fomenta que se escuchen mejor.
- El reto final: En el centro del paquete, pon una «misión secreta» que tengan que cumplir como grupo antes de que acabe el día.
En síntesis, la rutina de pensamiento de pasar el paquete es nuestra aliada para que el aprendizaje sea algo que se toca y se siente. Al desgranar los conceptos capa a capa, conseguimos que los peques se involucren y que nosotros, los profes, disfrutemos viendo cómo descubren que el conocimiento es, efectivamente, el mejor de los regalos.
Enlaces externos gratuitos
- Project Zero – Harvard University: El sitio oficial donde nacen estas maravillas de rutinas para que cotillees todas las que hay. http://www.pz.harvard.edu/thinking-routines
- Recursos Educativos INTEF: Una mina de oro de materiales públicos para que no tengas que inventar la rueda cada lunes. https://intef.es/recursos-de-aprendizaje/

