Piensa y comparte en pareja para tu aula. (Think – Pair and Share)

La rutina de pensamiento piensa y comparte en pareja arranca con algo que en nuestras clases parece ciencia ficción: el silencio absoluto. Todos sabemos que, cuando preguntamos algo, el «profe-yo-lo-sé» de la primera fila ya tiene el brazo dislocado antes de que terminemos la frase. Sin embargo, esta rutina nos obliga a imponer un minuto de reflexión solitaria. De hecho, este tiempo es el oxígeno que necesitan esos alumnos que no es que no sepan, sino que necesitan «cocinar» la respuesta a fuego lento. Por tanto, el primer paso consiste en que cada niño se enfrente al reto de forma autónoma, sin el agobio de ser el primero en contestar.

piensa y comparte en pareja

Además, este pequeño paréntesis de paz mental nos sirve a nosotros para coger aire (o recordar dónde dejamos el bolígrafo rojo). También es el momento ideal para observar las caras de concentración, esas lenguas fuera y los ceños fruncidos que indican que el cerebro está trabajando a pleno rendimiento. Sin embargo, es vital que no interrumpamos este proceso con pistas innecesarias. En cambio, si permitimos que ese «Piensa» de la rutina piensa y comparte en pareja ocurra de verdad, estamos validando el ritmo de cada estudiante. Por consiguiente, evitamos que los más rápidos monopolicen el aprendizaje y permitimos que la reflexión individual se convierta en la base de un debate posterior mucho más jugoso y divertido.

Construir entendimiento con piensa y comparte en pareja

Una vez que han pasado ese minuto de soledad (y algún que otro suspiro), llega la magia de la rutina piensa y comparte en pareja. Aquí es donde el murmullo controlado toma el aula, ese sonido que tanto nos gusta porque suena a aprendizaje real. Al juntarse con un compañero, los alumnos pierden ese miedo cerval a equivocarse delante de toda la clase. De hecho, es mucho más fácil soltar una «burrada» o una idea genial a un amigo que a la autoridad del profesor. Por esta razón, el intercambio de opiniones se vuelve rico, caótico en el buen sentido y, sobre todo, profundamente significativo para ellos.

Asimismo, durante esta fase de la rutina piensa y comparte en pareja, el alumnado empieza a darse cuenta de que su compañero tiene trucos o puntos de vista que a ellos ni se les habían pasado por la cabeza. Igualmente, es habitual ver cómo uno le explica al otro un concepto con un lenguaje que nosotros, con nuestros másteres, jamás lograríamos simplificar tanto.

Por otro lado, esta interacción fomenta el razonamiento conjunto en lugar de la competición por la respuesta correcta. Sin embargo, no debemos olvidar pasear entre las mesas para evitar que el debate derive en qué merendilla traen hoy. Por tanto, el «Comparte» transforma la duda individual en una certeza compartida, haciendo que el conocimiento crezca de forma exponencial y cooperativa.

Escucha activa

Para evitar que el momento de compartir se convierta en dos monólogos donde nadie escucha a nadie, la rutina piensa y comparte en pareja guarda un as bajo la manga. El secreto es avisarles: «Ojo, que luego voy a preguntar qué ha dicho vuestro compañero, no qué habéis dicho vosotros». Esa frase es como un interruptor de atención inmediata. De repente, el nivel de escucha activa sube por las nubes porque nadie quiere quedar mal diciendo «pues no sé, no le he hecho ni caso». Además, esta estrategia convierte a cada alumno en el «embajador» de las ideas del otro, lo cual es una lección de respeto brutal.

Piensa y comparte en pareja

De hecho, implementar este giro en Piensa y Comparte en Pareja ayuda a que los más tímidos se sientan importantes al ver sus ideas explicadas por otros. Por consiguiente, se crea un clima de aula donde la opinión del de al lado importa tanto como la propia. Asimismo, nos ahorramos el típico «yo iba a decir lo mismo» que sueltan cuando se quedan sin ideas. Sin embargo, es fundamental que les animemos a tomar notas rápidas o hacer un dibujo si la explicación del compañero es compleja. Por tanto, la rutina cierra el círculo del pensamiento de forma perfecta.

En definitiva, logramos que la comunicación fluya, que el respeto se practique y que, por una vez, el silencio del inicio se convierta en una explosión de ideas con sentido.


Aplicaciones prácticas

Si quieres que la rutina piensa y comparte en pareja sea un éxito mañana mismo, prueba con estos escenarios:

  • El dilema del recreo: Pregunta cómo solucionar un conflicto típico de patio y deja que debatan la mejor solución.
  • Matemáticas creativas: Ante un problema de lógica, que piensen primero la estrategia antes de tocar el lápiz.
  • Análisis de personajes: Después de leer un cuento, que compartan por qué creen que el lobo (o el villano de turno) actuó así.
  • Check de salida: Antes de terminar la clase, que compartan una sola cosa nueva que hayan aprendido hoy.

En resumen, la rutina Piensa y Comparte en Pareja es la navaja suiza de cualquier maestro: sencilla, eficaz y capaz de convertir un aula aburrida en un foro de debate digno de la antigua Grecia (pero con más estuches de colores).


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