Hola a todos. Si eres de los que sobrevive a base de tizas y paciencia infinita, seguro que conoces al “Lector adivino”. Ese alumno que ve una “c” y una “a” y, antes de terminar la palabra, ya ha soltado “¡Calavera!” cuando ponía “Casa”. Hoy vamos a compartir un poco de luz sobre este misterio y descubrir qué son las funciones ejecutivas en la lectura de una forma útil, real y sin tanto palabro raro que solo sirve para rellenar informes.

Ese extraño fenómeno del alumno que “vuela” pero no se entera
A ver, honestamente: todos hemos tenido a ese crack que lee a 120 palabras por minuto, con una entonación digna de locutor de radio, pero que cuando cierra el libro y le preguntas quién era el protagonista, te mira como si le estuvieras hablando en arameo. Es frustrante, ¿verdad? Pues resulta que el problema no es que el niño no sepa leer, es que el motor que procesa la información está en modo pausa. Aquí es donde entran las funciones ejecutivas en la lectura, que básicamente son el director de orquesta que pone orden al jaleo mental de nuestros chavales.
De hecho, a veces nos empeñamos en que repitan la lectura mil veces, pensando que así, por arte de magia, lo entenderán todo. Sin embargo, si la infraestructura cognitiva está fallando, por mucho que corran, no van a llegar a ninguna parte. Por tanto, es vital que entendamos que leer no es solo mover la lengua y hacer sonidos. También es gestionar la atención, frenar los impulsos de “soltar la primera palabra que me venga a la mente” y mantener el hilo de la historia sin que se nos olvide la primera frase al llegar a la segunda.
Además, hay que tener en cuenta que las funciones ejecutivas en la lectura no son algo que venga de serie en todos los niños como el cargador del móvil. De hecho, muchos de nuestros alumnos necesitan que les demos un empujoncito para que su cerebro aprenda a organizarse. Sin duda, si logramos que ese motor “de arriba hacia abajo” funcione, dejaremos de ver esas caras de “no sé qué acabo de leer” cada vez que terminamos un párrafo en clase. Por eso, vamos a ver cómo podemos meterles mano en el día a día.
El trío calavera: Inhibición, memoria y flexibilidad
Si las funciones ejecutivas en la lectura fueran un grupo de música, tendríamos a tres componentes principales. El primero es el control inhibitorio, o lo que yo llamo “el freno de mano”. Es lo que evita que el niño se lance a la piscina sin mirar si hay agua. Sin este freno, la lectura se convierte en un ejercicio de adivinación constante donde cualquier palabra que empiece por “p” acaba siendo “patata”. Por tanto, trabajar este autocontrol es el primer paso para que dejen de inventarse el libro y empiecen a leerlo de verdad.
El segundo componente es la memoria de trabajo, que es básicamente el “espacio en el pupitre” mental del niño. Si el pupitre es muy pequeño, en cuanto el niño llega al final de la frase, la información del principio se le cae al suelo y desaparece. También es verdad que, sin esta memoria activa, es imposible que conecten lo que pasó en el capítulo anterior con lo que están leyendo ahora. En cambio, si reforzamos este espacio mental, les será mucho más fácil construir ese modelo mental que tanto buscamos en nuestras clases de lengua.
Por último, tenemos la flexibilidad cognitiva, que es la capacidad de no quedarse “atascado” cuando una palabra no significa lo que ellos creen. Es ese momento en el que leen “banco” y tienen que decidir si es para sentarse o para sacar dinero. Si un alumno es más rígido que un lápiz nuevo, se perderá en cuanto la lectura se ponga un poco creativa. De hecho, estas funciones ejecutivas en la lectura son las que permiten que el niño se adapte y no tire la toalla a la primera de cambio cuando algo no le cuadra.
Aplicaciones prácticas: Del dicho al hecho en el aula
Para trabajar esto en clase sin morir en el intento, hay trucos que son mano de santo. Por ejemplo, en el primer ciclo, las cajas de Elkonin funcionan de maravilla. Usamos fichas para que los sonidos “pesen” y sean algo real que puedan tocar. Además, a mí me encanta el juego de las “palabras intrusas”: les doy un texto donde de repente aparece un “elefante” en mitad de una receta de cocina. Tienen que frenar en seco, reírse un poco y seguir. Eso es puro entrenamiento de funciones ejecutivas en la lectura sin que se den ni cuenta.
Otra cosa que nos salva la vida son los mediadores visuales. Ponerles un icono de una oreja gigante en el borde de la mesa para recordarles que deben “escucharse” mientras leen. Parece una tontería, pero ese recordatorio visual les ayuda a activar su habla privada y a guiar su pensamiento. Por tanto, no hace falta comprar programas carísimos de entrenamiento cerebral; lo que hace falta es que la lectura en clase sea activa, con retos que les obliguen a pensar y no solo a repetir sonidos como loros.
En definitiva, entender cómo funcionan estas herramientas mentales nos permite ser mejores profes y dejar de desesperarnos cuando la comprensión no llega. Al final, se trata de darles las herramientas para que sean ellos los que lleven el volante de su propio aprendizaje. Porque, siendo realistas, no hay nada mejor que ver esa cara de “¡ah, ya lo entiendo!” después de haber estado peleando con un texto que se les resistía.
Enlaces externos gratuitos:
- Intef – Recursos de Lectura: Materiales oficiales y secuencias didácticas para trabajar la competencia lectora de forma amena. https://intef.es
- Fundación Germán Sánchez Ruipérez: Expertos en fomento de la lectura con guías prácticas para docentes y familias. https://fundaciongsr.org
- Fundación Leer – Recursos pedagógicos: Plataforma con guías gratuitas y materiales descargables para docentes sobre procesos lectores y comprensión. [https://leer.org.ar/recursos-pedagogicos/]
- Leer.es (Ministerio de Educación): Portal oficial con recursos, investigaciones y herramientas para la mejora de la competencia en comunicación lingüística. [https://leer.es/]
Bibliografía
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