En proceso de reflexión.

Los que vivimos apasionadamente nuestra profesión estamos inmersos en un proceso de continua reflexión. Esta sensación es a la vez angustiosa y apasionante. Hoy, más que nunca, es necesario replantearse continuamente, qué hacemos, cómo lo hacemos, para qué lo hacemos… 

Creo que los equipos directivos y también los claustros, estamos destinados a vivir y sentir esta fantástica incertidumbre que nos hace crecer y mejorar profesional y personalmente.

La gran ventaja es que no estamos solos, tenemos multitud de profesionales que hacen divulgación de temas educativos, formaciones, webinars y muchísima bibliografía al respecto. 

En nuestro caso particular, son muchos y muchas las que nos ayudan a mejorar nuestro proyecto educativo. Coral Elizondo, Neus Sanmartí, Lourdes Bazarra, Olga casanova, Siro López, Mariana Morales, Juan Fernández, Nuria Murillo, Héctor Ruiz, Montserrat del Pozo, Javier Bahón, Jordi Musons, Almudena Meroño, entre otros, son para nosotros desde hace años fuente de inspiración.

En un momento dado, los espacios de nuestro centro se adaptaron para facilitar el trabajo cooperativo, ganar luminosidad, flexibilizar el espacio, llevar a cabo diferentes modalidades de aprendizaje, motivar y mejorar el estado de ánimo del alumnado, poner en práctica la codocencia, proyectos interdisciplinares, etc.

Sin embargo, la experiencia me demuestra que la teoría únicamente adquiere significado cuando es puesta en práctica. Me temo que la formación y los cambios estructurales son necesarios, pero no son suficientes, el claustro es el auténtico agente de cambio. 

Los equipos directivos tenemos el deber, yo diría que la obligación, de facilitar ese cambio. Para ello es necesario escuchar, acompañar, animar, generar entusiasmo, facilitar tiempos y espacios de reflexión y colaboración, flexibilizar horarios, poner en valor el trabajo de los compañeros, conocer la realidad de cada uno de ellos, aceptarlos y quererlos tal y como son. Y digo esto último porque me parece crucial que los maestros y maestras trabajen en equipo, creando comunidades profesionales de aprendizaje, en las que cada miembro, en función de su realidad, se esfuerza para aportar lo mejor de él y en la que todos debemos sentirnos responsables y comprometidos para conseguir alcanzar nuestro ideario educativo. Demasiadas veces pretendemos que el alumnado se muestre autónomo, respetuoso, empático y sepa trabajar en cooperativo, mientras que los maestros y maestras nos resistimos a salir de nuestra personal zona de confort, repleta de prejuicios y sesgos que no nos dejan avanzar.

Las direcciones hemos de ser ejemplo de mentalidad de crecimiento, ser positivas, valientes y trabajar en la definición del Proyecto Educativo del Centro para que todos sus miembros lo conozcan y lo vayan mejorando. Es importantísimo empoderar a los maestros y maestras para que crean en su trabajo, para que en un clima de confianza podamos compartir nuestras experiencias, nos atrevamos a llevar a cabo microcambios y aprendamos los unos de los otros.

Ya no hay excusa, todos debemos y podemos trabajar juntos en ese angustioso, pero maravilloso proceso de reflexión, investigación, aplicación y revisión, que nos permitirá pasar de ser centros de enseñanza a ser comunidades de aprendizaje.

Mercè Jaume Bosch.

Directora Pedagógica de Primaria del Colegio Sant Josep Obrer.

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